“La Historia tañada en Cueca al ritmo de los panderos”, nació hace varias décadas, tomada de la mano de mi padre, desde que mis ojos comenzaron a recorrer este mundo, haciendo de la literatura y de LA CHILENA o Cueca Tradicional[1], un lenguaje único. Este libro es el poema más hermoso y colosal que me ha escrito la vida en el transcurso del tiempo, junto al regazo de mis padres, hermanos y de mi hogar. Esta existencia despertó mi propia vida, mi formación en lo intelectual y espiritual. La fe iluminó mi camino y las puertas se abrieron a los amores más inmensos y eternos. Hasta hoy son las cunas que mecen mi existencia y que acarician mi alma, acompañándome hasta el final de mis días.
La familia Téllez Mellado |
Siempre he tenido un extraordinario amor hacia mis padres. Soy la hija menor de uno de los grandes cantores que ha tenido La Chilena, don Luis Téllez Viera, él dominaba el arte y la pericia del pandero. Mi madre fue la señora María Magdalena Mellado Jara. Mis hermanos son Teté y el Chinganero e integrante de Los Centrinos, Luis Téllez Mellado (apodado “El cabro[2] Ton”). “Ton” le llamó mi hermana cuando él nació, y así en la familia lo hemos llamado siempre.
Posteriormente, formé una familia junto a mi amado esposo, Marcelo Caballero, y la luz que nos coronó de felicidad es nuestra hija Marta María.
Volver a mirar atrás, como quién busca nuevamente el camino recorrido, en ese siglo de luz que iluminó nuestra existencia. Cada elemento reunido cruzando el recuerdo… cada melodía que escucho, y cada aroma que percibo, me conecta hacia una puerta donde se apilan las remembranzas. Se inquieta mi alma, y despiertan en mi corazón los sentimientos de pena por aquellos que han partido. Me invade la nostalgia, porque soy una mujer que se caracteriza por ser de muchos apegos. Cada objeto, cada instrumento, cada retrato, pueden llegar a representar algo muy importante y valioso para mí, sobre todo en mi hogar, y las cosas que conservo de familia. Quizás, eso fue lo que me diferenció de mis hermanos, pues di valor a mis sueños en cada objeto y rincón de la casa…
Hubo cuatro casas en las cuales yo viví junto a mis padres y mis hermanos, pero sólo dos se destacaron en esta historia Una de ellas estaba en la calle Víctor Manuel del barrio Avenida Matta. Fue mi hogar hasta los siete años de edad, donde tengo recuerdos intactos de la casa de mis abuelos, porque vivían al lado. Estas casas ya no existen. La máquina destructora del tiempo las derribó; mas, las llevo en mi memoria y las mantengo en pie en un desván de mi alma, en el ático más alto que toca el cielo y que se conecta con las raíces más profundas de la tierra.
Después vivimos en la casa de Santa Isabel, donde los recuerdos están llenos de alegrías y ternuras de mi niñez. Pude recorrer cada año imaginariamente, como quien juega saltando y contando en los tablones de madera del piso. Comencé a escribir el mismo año que ahí llegamos y la magia de la literatura se abrió ante mis ojos.
Empecé a conocer a fondo la majestuosidad de La Chilena, escuchando a mi padre y a sus amigos cantores de la güeya antigua. También aprendí a valorarla a través de los conocimientos que recibí del maestro Fernando González Marabolí, en los libros que él me hacía leer y en las enseñanzas que me impartía. Así, aprendí las maravillas de este mundo, y se fueron cultivando las enseñanzas de los pregones, cuyas raíces son los cimientos de nuestra cultura tradicional. Así se fue nutriendo mi espíritu y los recuerdos en mi mente. Era la hermosa arquitectura de la lira, con las más bellas melodías en las voces que el eco del tiempo se llevó.
Conocí el lado humano y sensible de los protagonistas de este libro. Aprendí las verdades de la historia y de nuestra patria; secretos que se mantuvieron en silencio por años, en una época donde nadie daba un peso por La Chilena, pues sólo se admitía un “concepto” de folclor, ajustado a la clase social alta, marcado por la diferencia clasista.
El lenguaje que escribo en estas páginas es propio del habla popular de los cantores, y lo uso con el objetivo de precisar la historia tal como fue.
Este libro lo fui escribiendo entrelazando la historia oculta, junto a las Familias de la Tradición, con la cultura oral legada por nuestros ancestros, y fui agregando mis propias vivencias con los cuequeros de la güeya antigua, por la promesa que hice a mi padre Luis Téllez Viera y al maestro Fernando González Marabolí.
Lo que aquí comparto lo he vivido y estudiado. No es una novela, sino una obra que pretende dejar testimonio verídico de lo que fui testigo con mis propios ojos y oídos. Tuve acceso a información privilegiada de las Familias de la Tradición, y con esto, quisiera pedir luz y entendimiento para mis hermanos cuequeros; es necesario que nos unamos en una sola voz y pidamos a las autoridades que de una vez por todas declaren el Canto a la Rueda y La Chilena como Patrimonio Cultural Inmaterial.
Dedico este libro a mi amada madre, que alcanzó a ver cómo elaboraba este trabajo.
Con un inmenso amor, al cantor de fuste y grasnachero que dio su vida por el Canto a la Rueda y La Chilena.
Y mi Maestro Fernando González Marabolí, con su Conjunto Escuela Los Chinganeros que él formó, y son herederos fidedignos de sus enseñanzas.
Dedico también estos escritos, a todos los chilenos de alma, por quienes siento un inmenso cariño.
Este libro es una epístola de Cuequeros Centrinos, para nuevos Cuequeros.