Los Salones del Alma

Videos | |

wwb_shadow

Prólogo

salonesdelalma_0038wwb_shadow

Publicado en Santiago de Chile año 2004

RPI : 14.445

Diseño y diagramación :  Animalfabeto

Cuando “Los Salones  del Alma” llegó a mis manos, su sólo título me provocó inquietud y  curiosidad: sin duda era un buen título para, leyendo después, corroborar esa  buena primera impresión, con un verso tenso y bien hilvanado, un trabajo minucioso  de la poeta Patricia Tèllez Mellado.

Sus páginas me recordaban  la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer y Gabriela Mistral, un no sé qué de las  “Fiestas Galantes” de Paúl Verlaine, y así me fui adentrando en estos  salones de la fragilidad y el llanto, su atmósfera que logra desde el cual está  escrito y desde allí llevarnos del brazo a admirar cada una de sus acuarelas  hasta el aguafuerte que sólo puede expresar la poesía, esa intimidad profunda  donde coexisten fuertes sensaciones en pugna, ese YO maldito, como dice  Patricia Tèllez, que viene a perturbar, sus sueños del poeta, el demonio  integrado a Dios.

Era, es “Los Salones  del Alma” definitivamente un paseo por el dolor, por aquellos pasajes del  alma ganados por la muerte y a la muerte, el lugar desde el cual pocos pueden  regresar por que han llegado al otro lado de la Estigia y desde allí  observan, desde la misma desolación, redimidos por el verso y la poesía,  iluminados de sufrimiento y me hizo recordar un verso de Charles Baudelaire que  me quedó para siempre en la memoria: ¡Lejos! ¡Que aquí el lodo está hecho con  nuestros llantos!

El destino del poeta es  pulsar las cuerdas sensibles del cuerpo social, así Tèllez nos sumerge en la  ausencia, en esa parte de nuestro yo que el dolor nos arrancara, esa parte que  se desintegra en abandono, que irremisiblemente nos quedó atrás y que un libro  como este nos trae a la conciencia, el lógico cabalgar a sangre y fuego del  progreso de la humanidad, a la cual pide, Dejad ahí un rezo, en estos salones  de antaño, estos salones del alma a los cuales nos obliga a entrar, y como  ofrenda, una vela de amor siempre encendida.

Un presentimiento de vacío  nos embarga, la sensación de campos arrasados de la psiquis que preferimos  sumir en voluntario olvido, duelo sobre duelo, muerte a muerte, escondidas y  obviadas, donde la ofrenda del afecto nos recuperaría en integridad, pero no,  la pesada piedra del abandono y del dolor conviviendo sin existir como miembro  ausente, en cambio, la creencia simulando la integridad, el ser humano menos  humano, el dolor sin dolor, lo leve sin sustento, como gota inapelable cayendo  vertical en los salones de la desolación: Ay dolor, único beso de  taciturnas bocas.

Roberto Rivera Vicencio.
Escritor

Videos

[inicio]